cáncer, esclerosis múltiple, diabetes tipo 2, ictus, alzhéimer, ansiedad o depresión. El ejercicio en estos casos no se plantea como “rendimiento deportivo”, sino como una herramienta de salud para mejorar la vida diaria.
Evaluación inicial:
revisamos el estado físico y emocional, antecedentes médicos y nivel de actividad actual.
Plan individualizado:
adaptamos cada sesión a la patología, el tratamiento en curso y la energía del día
Progresivo y seguro:
combinamos fuerza, movilidad, resistencia ligera, coordinación, equilibrio y técnicas de respiración.
Ajustes constantes:
respetamos descansos, controlamos la fatiga y la temperatura corporal, y modificamos la carga según síntomas
Acompañamiento cercano:
enseñamos estrategias para aplicar lo entrenado en la vida diaria.